Vivir para consumir


8 de la mañana. El despertador-radio te mata de un susto, con ese maldito anuncio de seguros a base de claxon y golpetazo de coche atronante. Minutos después, se siente esa musiquilla estúpida del anuncio de teletienda en la TV del salón, que tu compañera/o de vivienda está tragando junto a sus cereales de marca. “Tenemos que comprar un cuchillo mejor”, te dice.

En el coche, camino del trabajo, vuelve a sonar el claxon y el cacharrazo que te despertó, y te vuelve a estremecer, ahora más, ya que vas conduciendo. Decides cambiar de emisora y pones esa que reúne a 40 canciones que alguien determina como principales. “La misma de ayer…” – murmuras. “¿Cómo puede esta canción ser una de las 40 más vendidas en España?”. Qué vergüenza.

En el kiosco pides el periódico y te dan 3 revistas de regalo. Kilo y medio de papel, calculas. Dos de ellas tienen un grosor de 300 páginas, más del 60% de publicidad. No sabes como transportarlas, pues en la mano no caben y bajo la axila van resbalando hasta el suelo. En cuanto llegue las tiro a la papelera.

Al llegar a tu puesto de trabajo, te saluda el típico/la típica tocahuevos de siempre, especialista en saludarte sólo para poner faltas a tu coche, ropa, estado físico, cantidad de pelo… Gente que sólo recurre a ti para entablar una conversación en la que sólo pueda ser vencedora, a costa de tu escarnio público. A ver con qué viene hoy.

“Anda, no seas rácano y cómprate un móvil nuevo, más plano, con cámara, Internet, TV… “. Pero si ya tengo cámara de fotos, Internet y TV en casa, ¿para qué quiero tener todo eso en el móvil?, le dices. “Pero si nada más hay que verlo, el color y la pantalla anticuada. Eso ya está desfasado”. En ese momento, miras a tu pequeño móvil, con 2 años en tu bolsillo (y que aún no ha fallado ni una sola vez) y poniendo cara de tiburón empresarial, le dices: “Lo siento, amigo, has hecho un excelente trabajo, no he tenido quejas de tí, puede que hayas sido el mejor móvil… pero ya estás desfasado”. Como por arte de magia, minutos después recibes por vía SMS un mensaje de tu compañía de móviles: Cámbiate ya de móvil. “¿Grabarán mis conversaciones?”, piensas. Es en ese preciso instante cuando tu café de máquina (que sabe a rayos por cierto) sale de mala manera, otra vez, y cae sobre tu pantalón. Mierda. Bueno, al fin y al cabo, tengo que comprarme otros pantalones color beige. Aprovecharé la oferta de 2×1.

A la vuelta, el buzón atascado, mientras te sobrecoge esa ilusión única que conlleva el ceremonioso acto de abrirlo, que recuerda a otras épocas en que los carteros llamaban a la puerta y leían las cartas a los abuelos que no sabían. Otras épocas en que la correspondencia podía proceder de un familiar, un amor o un amigo. Pero esta vez, sólo encontrarás publicidad de 3 centros comerciales, tiendas de informática, supermercados, tiendas de muebles, inmobiliarias… y 4 cartas. Por el remitente, sabes que tres de ellas son facturas de tu banco con más publicidad de regalo. La última, de desconocido paradero, prioriza tu necesidad de abrirlas. Finalmente, y tras comprobar el contenido “LE HA TOCADO UN VIAJE GRATIS A CANCÚN”, tu papelera termina igual de atascada que el buzón cuando llegaste.

Solo nos queda almorzar y descansar con nuestros queridos documentales de la tarde. Siesta entre sonidos de pájaros del Amazonas o ñues cruzando el Serengueti. Y cuando ya estás dormido con la inocencia del gamo que bebe del río, imaginándote en uno de esos paraísos, un sonido bestial sale de la TV para despertarte, como el cocodrilo que ataca al gamo del río. Publicidad. 3 cuadraditos de volumen más de lo que había en el documental. Por dos veces en el día, los anuncios han roto tu calma.

Te dispones a observarlos. Y una seductora voz te dice al oído: “Disfruta del más intenso placer del helado”. Y sigue. “Trocitos de caramelo para la más cremosa nata, envuelto por el mejor chocolate suizo”. Todo ello, con unas imágenes en cámara lenta del helado, desde todos los ángulos y perspectivas posibles, mientras una modelo despampanante sufre un éxtasis al saborearlo, sólo comparable con los de Santa Teresa. Tras ello, sólo te queda decir… Helado… Mmmm… y buscar uno yendo casi con andares de zombie. Mientras, los diabéticos se tiran de los pelos.

 

Y así, diariamente, compre, consuma, coma, beba, renueve, tire y vuelva a comprar… Los cubos de basura a rebosar de objetos nuevos, sin romper, sin estropear, en perfecto estado. Mp3s con poca capacidad de memoria, móviles sin cámara, pantalones de campana pasados de moda, kilos de papel de publicidad sin leer o de regalos encerrados en mil cartones y envoltorios, libros sin leer, alimentos caducados o incluso sin caducar, muebles en buen estado… Casi sin darnos cuenta, estamos tirando a la basura la mayor parte del valor económico de  nuestro esfuerzo laboral. Eso sí, a la basura van los trastos, pero el dinero, el intercambio de nuestra “fuerza de trabajo”, como llamaría Marx, siempre va hacia los mismos.

El consumismo fue el gran invento del capitalismo para perpetuar un estado de bienestar imaginario, que nos hace creer ricos por el mero hecho de estar comprando constantemente.

Y la publicidad, ha sido su gran embajadora. A cualquier hora, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia, somos proclives a ser bombardeados por sus mensajes. A veces, de forma evidente. A veces, de manera subliminal: Anuncios de helado a la hora del postre, música navideña en los centros comerciales en pleno Noviembre, deportistas de élite con marcas concretas de ropa, bebidas…

A este sistema se apuntan todos. También los políticos pueden llegar a ser productos a vender, e incluso, herramientas para vender otros productos. Las ideologías, y sus consecuencias sociales, se han convertido en objetos publicitables, consumibles y desechables.

Lo peor de este sistema económico, es que ha enraizado hasta el punto de conducir nuestras propias vidas.  Hagan memoria de todo el tiempo que destinan, semanalmente, a elegir, comprar y utilizar diferentes artículos. A veces, la presión y obligación que sentimos por comprar, nos llega incluso a estresar o a deprimir, como si de aspectos esenciales de nuestra vida se trataran. El sistema se ha ido perfeccionando hasta tal punto, que instala un chip publicitario adicional a las personas, para presionar a otras para que consuman, como si fueran dependientes de una tienda. Suelen ser personas cercanas a nosotros, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, familiares… que, sin ser conscientes, empujan a otros para que entren en ese espléndido sistema del que creen formar parte.

Es el clasismo del producto.

Ya no consiste, como en otros tiempos, en tener más derechos nobiliarios, más terrenos o casas, o más dineros ahorrados. Ahora, para ser clasista solo hace falta tener una micropieza imperceptible en el ordenador portátil, que hace que la imagen de la pantalla se vea un poco mejor que la del de al lado. Y claro, no pertenecer a ese selecto club de los que tienen la micropieza, el piercing de oro, el pantalón que marca más paquete, o el móvil con TV satélite, es un inconveniente social.

Una forma de presión es la de incluir en los objetos, complementos o piezas que hacen imprescindible tirarlos.

Para ello, los diseñadores se han buscado la forma de obligar al cliente para que una pieza deteriorada, sea suficiente para tirar a la basura el resto de componentes. La informática es especialmente sutil en ese arte de la renovación. Es triste observar cómo un buen ordenador se queda obsoleto año tras año, porque el fabricante lo ha construido, adrede, sin posibilidades para descambiarle las 2 o 3 piezas concretas. Otros sectores como la construcción, decoración, aparatos del hogar, estética, moda, alimentación… han aprendido mucho de esto.

La otra forma de presión, es buscarle a nuestros objetos cotidianos un componente anti-estético.

Esto llega a ser aún más dramático pues hace anti-estético también al portador. Si llevas un aparato obsoleto, tú también estás obsoleto. Es en ese momento cuando te dicen: “No seas tacaño, y cómprate uno nuevo” y empieza la fase de mayor presión individual y social del asunto. Porque ser tacaño, en estos tiempos de “bonanza económica”, es tan fácil como mantener un móvil de hace 2 años, aunque esté en buen estado, y cumpla bien su principal función: realizar y recibir llamadas.

El mayor pecado de este siglo, es admitir la pobreza.

Porque incluso se puede tolerar, con vergüenza torera, que te digan mal vecino o mal ciudadano, por tirar un papel al suelo, mirando para otro lado, con descaro. Pero ojo, tacaño no somos. Que me llamen cliente miserable NO. ¿No tienes 50 míseros Euros para comprarte un móvil nuevo?. ¿Ni la triste cifra de 600 E para un nuevo equipo de sonido sin cassettes?… Qué pensarán los demás si reconocemos nuestros apuros económicos, si admitimos que no tenemos porque el Euribor nos han trincado este mes por la solapa. Es la sagrada percepción de parecer que tenemos productos. Hay que mantener la integridad de nuestra imagen, cueste lo que cueste. Cueste cuanto cueste.

El sistema también convierte a personas, en sus herramientas. Y, tal como éstas, también pueden quedar obsoletas. El mercado laboral es un claro ejemplo de ello. No busquen en un centro comercial, en una tienda de diseño, en un restaurante de comida rápida o, en general, a cualquier empleo de cara al público, a una persona de más de 45-50 años. Hay que mantener la imagen, cueste lo que cueste. Hay que esconder la ancianidad y la vejez. En ciertos trabajos, incluso se marcan claramente las edades a las que van dirigidas las ofertas de empleo “Menores de 25 años”. Como si una persona de 60 años no supiera hacer o cobrar una hamburguesa con sabor a cartón. Las arrugas y las canas son antiestéticas. Ese es uno de los mensajes subliminales más duros que muestra nuestra publicidad. El segundo mayor pecado de este siglo, es admitir la edad.

Al final del camino, nos vemos despojados de nuestros derechos más elementales, por tal de ser clientes.

Nuestra condición de ciudadanos, de personas que sienten y padecen, con capacidad crítica, con voz y voto, nunca ha estado más en entredicho. Preferimos poblar nuestras aceras de terrazas de bares, aunque los ancianos, mujeres con carrito, y niños, tengan que ponerse en riesgo, andando entre vehículos. Con demasiada frecuencia, olvidamos nuestro elemental derecho a exigir nuestros derechos. Para ello, también el sistema incorpora esas miradas a tu alrededor, que parecen decir “¿Y usted por qué o para qué reclama?”. “Hágase a un lado y no nos siga haciendo perder el tiempo”. Nos presionan para que nos dé incluso vergüenza reclamar, manifestarnos y exigir lo que es nuestro.

"Felicidad" - Foto realizada por Dudas Razonables

Es nuestro reto. Salir del sistema y crear uno nuevo, donde las personas no sean valoradas por su apariencia, o por la cantidad de productos que sean capaces de comprar. Un sistema, en que cada persona tenga el mismo valor e importancia, y donde su esfuerzo laboral no se malgaste en comprar productos que extremen, aún más, el enriquecimiento de una minoría. Un mundo donde podamos desenchufar la anestesia general que nos hace creernos una clase media feliz, con la condición de tragarnos el concepto publicitario de felicidad, efímero y egoísta. El consumo de esa droga blanda que, en dosis constantes, nos hace creernos mejores a los demás.

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Acerca de Dudas Razonables
Blog de concienciación social y ciudadana

9 Responses to Vivir para consumir

  1. jose cienfuegos campini, médico says:

    Seguimos siendo pocos los que nos concienciamos, unos pocos los que nos damos cuenta de tanto engaño y muy pocos los que leemos cosas tales como las verdades de Chon-Bendit en el parlamento europeo (no perderse lo que dice sobre la venta de armas a Grecia…)
    Yo personalmente ando un poco perdido y asustado con todo esto de la crisis ¡joder nada cambia¡(ver lo que dijo thomas jefferson en 1802¡¡¡) pero a mis 54 años he encontrado una aficion: la guitarra, con ella me relajo, disfruto, consumo menos y me hace sentir bien. Gracias a todos los que reflexionais.¡sintámonos acompañados en estos momentos¡ SALUD¡¡

    • Dudas Razonables says:

      Gracias a usted por su respuesta. Demuestra conocimiento de esta nueva “pandemia”, que en el fondo es la misma que todas: el miedo. Por cierto, comparto afición por la música. Una buena terapia anti-consumo.

  2. David says:

    Gran artículo. Enhorabuena, escribes bien, buen ritmo y sobre cosas relevantes. Te agrego al G Reader

    No sé si conoces el libro El hombre light, (no recuerdo el autor ahora).

    Saludos

    • Dudas Razonables says:

      Muchas gracias. Conozco un espléndido ensayo del psicosociólogo Enrique Rojas, recuerdo haberlo leído en mi época de estudiante. Creo que es él a quien te refieres.

  3. María Cristina says:

    Quería coincidir con vos desde Argentina en todo el post.

    Cuando estás distraído/a entrás en la duda de comprar o no comprar, hasta que caés en la cuenta que, ¿de dónde sacarías ese dinero para la cuota?, pues, por las crisis contínuas de este país, tenés que decidir contínuamente entre comprar para la comida, para los medicamentos, para la escuela de los chicos o para un nuevo celular… y siempre optas por supuesto por cubrir las necesidades básicas.
    Y cuando decidiste que era imposible la compra, al relajarte, te das cuenta que no lo necesitabas, que con el tuyo todo está bien.
    Y te reís, y zafás una vez más, pensando que será hasta la próxima vez en que te bombardeen con tanta publicidad y te distraigas de nuevo.

    Está muy estudiado todo.
    Yo sueño con encontrar el antídoto para que estemos atentos las más de las veces y no caer en sus redes.

    Como decía un viejo maestro zen, las únicas palabras para dejar a la humanidad como consejo eran:
    Atención, atención, atención.

    Un gusto leerte. Volveré.

    • Dudas Razonables says:

      Encantado por su respuesta. Gracias María Cristina. Gracias Argentina.

  4. hector daniel argomedo carrasco says:

    JAJAJAJAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA

    VEZ SE LOS DIJE ESTE MUNDO ESTA SOCIEDAD ESTA PARODIA DE PANTEON
    ESTE HORRIBLE REFLEJO DE NUESTRO PEOR ROSTRO
    FUE UN BUEN INTENTO LO ADMITO FUE MEJOR DE LO QUE PENSE POR LO MENOS ESTAMOS AQI NO NOS MATAMOS EN TODAS LA GUERRAS ANTERIORES NI DESTRUIMOS EL MUNDO (AUN) MALDITA SEA DURAMOS COMO 10.000 AÑOS DE CIVILIZACION PARA SER NOS SICOTICOS NARCISITAS CON COMPLEJOS DE DIOCES PUDO SER PEOR O DURAR MENOS COMO DIJE FUE UN BUEN INTENTO LASTIMA QUE NO CREO QUE DURE MUCHO MAS EVOLUCIONO LA TECNOLOGIA EL CEREBRO PERO EL ALMA SE NOS PUDRIO CAMBIAMOS SENTIMIENTOS POR INTELIGENCIA PERO BUENO COMO DIJE ES UN MILAGRO EXTRAÑO QUE DURASAMOS TANTO ESPERO QUE COMO DIJO DARWIN NOS ADAPTEMOS O NO EXTINGAMOS LARGA VIDA A LA TIERRA ( A NOSOTROS YA VEREMOS)

  5. hector daniel argomedo carrasco says:

    SOY VEGANO SOY BUDISTA RECHAZO A LA HUMANIDAD POR HITLER POR CADA ASESINO Y DELICUENTE POR CADA VIOLADOR EN EL PLANETA POR CADA POLITICO PROCUPADO DE SU DINERO POR CADA NIÑO DE AFRICA QUE MUERE EN LA MISERIA POR CADA EXPECIE QUE HEMOS EXTINGIDO POR CADA HECTAREA QUE TALAMOS POR CADA TONELADA DE PETROLIO QUE HEMOS ARROJADO AL MAR POR CADA GUERRA DONDE HOMBRES Y ANIMALES SUFRIERON POR LA TIERRA QUE SE QUEJA
    PERO POR STEVE POR GHANDI POR BUDA Y POR OTROS POR HOMBRES QUE NOS ENSEÑARON A CRER EN LA ESPERANZA EN UN MUNDO MEJOR EN UNA VIDA DONDE EL HOMBRE ENFRENTA SUS DEMONIOS Y LOS VENCE UN MUNDO DONDE ABRAZA EL AMOR Y RECHAZA EL ODIO DECIDI CREER DECIDI TENER FE NO EN DIOSES NO LA SUERTE SI NO EL LA VOZ DE LA RAZON Y LA BONDAD QUE NOS LATE EN EL FONDO DE NUESTRA ALMA Y QUE COMO AQUELLOS Y OTROS AFORTUNADOS HOMBRES QUE DECIDIERON ARREGLAR EL MUNDO QUE ALGUN DIA NOSOTROS LA ESCUHEMOS

  6. hector daniel argomedo carrasco says:

    POR CIERTO DISCULPA GRANDE TU BLOG GRANDE POR HACER ESTO TODO COMIENZA CON UN GRANO DE ARENA CON UN PASO CON UN HOMBRE GRACIAS SEAS QUIEN SEAS Y DONDE ESTES

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