Fábula 1: “El gato que aprendió a nadar”.


El gato que aprendió a nadar

Un gato dormitaba resguardado por la acogedora sombra de un sauce. El calor aumentaba aún más sus ganas de dormir, sus ojos se entrecerraban al tratar de mirar hacia aquel horizonte brillante y volátil. Dejado caer hacia un lado, la respiración del felino se hacía más rápida y sonora. El sol calaba hasta los huesos. Sin embargo, a sólo unos pasos de allí, podía percibirse el frescor armónico de un arroyo. Se sentía casi gota a gota cada tropiezo con una piedra, o cada hoja flotando sin destino.

Unos instantes después, observó a un potro acercarse hacia su posición. Viendo que el animal venía casi ciego, babeando y con paso cansino y desorientado, se levantó y se estiró justo a dos pasos de llegar, para llamar su atención. El potro, frenó desconcertado. Leer más de esta entrada